Declaración de San José
- El reto cultural más importante que tiene planteado el Siglo XXI es la superación del individualismo. El individualismo aísla de los demás y pone barreras a la comprensión de las realidades sociales más básicas. Entre ella, la familia es la más perjudicada.
La familia es el entrono propio de lo humano. Somos humanos porque somos familiares y en la medida en que seamos más familiares, más humanos seremos. Por ello, el mejoramiento de la situación y condiciones de vida de las familias debe ser objetivo prioritario de toda acción de gobierno. - La mejor familia es aquella en la que mejor pueden criarse los hijos y es ésta la que debe ser salvaguardada y legitimada por los poderes públicos. Se trata de aquella en la que los padres, varón y mujer, forman un matrimonio en unión permanente de vida y amor al servicio de la prole y de toda la sociedad.
- El reconocimiento de la familia como ámbito de bienestar, de equidad, de justicia y de realización implica la confianza. Los gobiernos deben confiar en las familias: garantizar su libertad y asegurar también su capacidad decisoria. Para ello, esta declaración asume como meta alcanzar en los próximos años en todo el mundo el derecho al voto de los niños representados por sus padres.
Uno de los logros del siglo XX fue la extensión del sufragio universal a la mujer, aun y cuando este derecho no esté plenamente reconocido en algunos países. En el siglo XXI la inclusión de los niños en el sufragio hará definitivamente universal el derecho al voto, que es una exigencia irrenunciable de la persona en una sociedad democrática. Toda vida humana, no importa su tamaño, debe ser reconocida por la sociedad como miembro actual y no solo potencial. - La participación activa de la familia en las elecciones implica otorgarle el voto a todo el núcleo familiar en proporción a su tamaño. Consiste en la equiparación de la ciudadanía a la nacionalidad: la extensión de los derechos propios de la ciudadanía a todos los nacionales, incluyendo los menores de edad.
El voto de los niños representados por sus padres es una manifestación de que la familia es sujeto social de derechos. Toda persona desde el inicio de su vida debe de tener el derecho a su inclusión en el censo. El voto de cada menor de edad será emitido por sus padres de acuerdo con el sistema que cada país vea más conveniente y justo a sus circunstancias. - El derecho al voto de los niños es también una necesidad educativa. La sociedad necesita padres responsables que sepan transmitir valores y actitudes saludables de generación en generación conformando culturas de servicio en la que los niños sean protagonistas. Los poderes públicos deben facilitar esta tarea enseñando a enseñar en y desde las familias.
Una cultura y una sociedad saludables suponen el protagonismo de los niños, para los que trabajamos y preparamos un mundo mejor y plenamente incluyente. Vivir para los niños y apostar por la familia es hacer futuro y es también una manera eficaz de vacunarse contra el individualismo.
En San José de Costa Rica a 28 de Julio de 2001.